De la euforia a la realidad, gran oportunidad de cambio.
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- 7 jul
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Julio Alejandro Millán
México vive un contraste que conviene señalar con claridad. La fiesta deportiva puede generar entusiasmo legítimo, turismo y consumo temporal, pero no altera por sí sola una economía que crece poco, invierte menos de lo necesario y enfrenta presiones fiscales, laborales e inflacionarias. Distraerse de la problemática social, de inseguridad y económica es comprensible, e incluso saludable; las tres ciudades sedes con estadios llenos, “Fan Fest” multitudinarios y un entusiasmo genuino, es muestra de ello. Empero, cuando se apaguen las pantallas, seguirán ahí los problemas de fondo: bajo dinamismo productivo, incertidumbre y un gobierno poco eficiente.



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