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Acabar con las tentaciones.

 
  • La transgresión a los valores humanos universales generan “tentaciones” en torno a temas delicados para nuestro país.
  • Caer en tentaciones, en suma son lacerantes al desarrollo económico y el bienestar social.
  • Sociedad y Gobierno en comunión con los valores humanos genera estabilidad y crecimiento.

Año 2016 - Febrero, 15 - No. 747
 
 

Desde el viernes pasado, México, uno de los países con más católicos en el mundo (sólo después de Brasil), recibe la visita del Papa Francisco, quien además de traer consigo un mensaje de paz y esperanza, también dejará una importante derrama económica, principalmente en los municipios y Estados que pisará: Ciudad de México, Ecatepec, Morelia, Ciudad Juárez y Chiapas. Su visita se da en medio de un contexto caracterizado por el recrudecimiento de la violencia y pobreza en varias regiones de México, la falta de credibilidad en algunas de las instituciones del Estado y la incertidumbre sobre el rumbo económico del país.

La visita del Papa es muy importante desde el punto de vista del mensaje de fe que manda hacia el pueblo católico, pero también lo son los otros mensajes, pues el Papa habla de “tentaciones”, se han mandado en torno a temas delicados y lacerantes para nuestro país, como son la corrupción, los migrantes mexicanos, la pobreza, el crimen organizado o los traficantes de la muerte.

Por principio de cuentas, está la corrupción, que se circunscribe al uso o abuso de un cargo público en beneficio propio, o como lo señaló el Papa: “la corrupción es la tentación de tener el pan a base del sudor de otro”. Tal como lo hemos mencionado en otras ocasiones, un aumento del 10 % en la percepción de la corrupción, genera una pérdida de 2 % en el PIB. La corrupción tiene impactos directos e indirectos: los primeros se relacionan con las pérdidas para las empresas, por los actos de corrupción, así como el desvío de recursos públicos para fines personales. Los impactos indirectos, son más difíciles de medir y se relacionan con la pérdida de confianza en el gobierno, así como las inversiones no realizadas debido a ello.

Por otra parte, el Sumo Pontífice habla de que México es un país de oportunidades que debe evitar la migración. La migración no sólo provoca el distanciamiento familiar, sino que a su vez engendra mayor violencia, abuso contra los migrantes y violaciones a sus derechos humanos, con su correspondiente costo económico. Desafortunadamente, en las localidades expulsoras de migrantes, Michoacán y Oaxaca entre otras, a pesar de su relocalización en los EEUU, la movilidad social es escaza, reproduciendo el esquema de pobreza y búsqueda de oportunidades en dichas comunidades. Si bien es cierto que los migrantes mexicanos que trabajan en Estados Unidos, envían una cantidad importante de remesas a nuestro país, no debemos soslayar que ese dinero no compensa la falta de empleos que no se generan internamente, la violencia y asesinatos cometidos en contra de los migrantes, y la pérdida de la cohesión social, cuyos efectos trascienden a lo económico. Es importante que los mexicanos puedan trabajar y encontrar oportunidades en su propio país, “México no debe ser paso de tráfico de muerte de migrantes”.

En cuanto al narcotráfico y el crimen organizado, sus impactos sociales y económicos son evidentes e inmediatos: la violencia e inseguridad destruyen el tejido social de nuestro país, merman la salud de nuestros habitantes e inhiben las actividades productivas y empleos. La violencia asociada al crimen organizado también genera pérdidas directas para los empresarios y en el peor de los casos la salida de empresas en las regiones más inseguras. El crimen organizado representa la tentación del “orgullo y quitarle al otro el pan, incluso con violencia”.

Vale reflexionar si algunos de nuestros representantes no están cayendo en el pecado de la vanidad y el orgullo. En el primer caso, la vanidad que descalifica al otro e impide que se lleguen a acuerdos benéficos para el país, el querer llevar siempre agua al molino propio. Y también el orgullo, que en muchas ocasiones actúa bajo un halo de superioridad, sin reparar en que sus decisiones afectan la vida de muchos mexicanos.

El discurso del Papa versa sobre las “tentaciones que el cristiano enfrenta diariamente y nos encierran en un círculo de destrucción y pecado”. Sucumbir ante estas tentaciones y caer en pecado, no solo atentan contra nuestra vida espiritual, sino también tiene un impacto económico importante y atentan contra la seguridad, bienestar y cohesión social de nuestro país. Las palabras mencionadas por el Papa Francisco no sólo tienen un sentido religioso, sino también un trasfondo que llega al origen de nuestros más sentidos problemas y busca hacer conciencia en los oídos de aquellos que carcomen nuestro país.

Ahora bien, concluyendo en el terreno económico, se ha visto un dinamismo que, aunque temporal, imbuirá sobre algunas actividades comerciales y de servicios en las regiones a las que visita. Entre los sectores más beneficiados por la visita del Papa están el hotelero, restaurantero, comercio y turismo, que en conjunto representan casi el 20 % del PIB nacional. Las cifras de la derrama económica podrían ascender entre 3 mil a 7 mil millones de pesos.

Es un aliciente para que todos los mexicanos hagamos una reflexión sobre las tentaciones diarias, pero también un punto de inflexión para que, ciudadanos y autoridades busquemos, en comunión, enmendar el rumbo de nuestro país.

 


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