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Entrar al Top 10 Agropecuario es cuestión de tecnificación y modernización.

 
  • Durante los últimos 4 años, el agropecuario ha sido el más dinámico de la economía.
  • Lograr que México entre al top 10 agropecuario es un paso necesario e implica un campo más productivo y competitivo, a través de su tecnificación y modernización.
  • Se deben reforzar y mejorar las políticas de fomento y modernización del campo, apoyados en experiencias internacionales que actualmente constituyen las mejores prácticas mundiales.
  • Impulsar el desarrollo del sector es una tarea indispensable para una mayor justicia social y crecimiento económico.

Año 2016 - Febrero, 02 - No. 745
 
 

Durante los últimos 4 años, el sector agropecuario ha sido el más dinámico de la economía mexicana. Entre 2012 y 2015, este sector, que comprende la producción agrícola, pecuaria, aprovechamiento forestal y pesca, ha logrado crecer en promedio a tasa del 4 %, mientras que el secundario lo ha hecho en 1.54 %, los servicios 3 %, y la economía en su conjunto 2.6 por ciento. El crecimiento de esta actividad en gran medida se explica por el impulso gubernamental que se le ha dado en los últimos años, principalmente por parte de la SAGARPA, tendiente a mejorar el rostro del campo a través de políticas de fomento a la productividad y competitividad, así como el aumento de inversiones y apoyos financieros.

Hoy en día, México es un país importante en la producción de alimentos, así como un destacado exportador de productos agropecuarios y agroalimentarios como la cerveza de malta, tomate fresco, aguacate, chiles, pimientos, limón y tequila, entre otros. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), por sus siglas en inglés, México ocupa el onceavo lugar en valor de la producción agrícola, mientras que los primeros tres puestos pertenecen a China, India y Estados Unidos. Asimismo, según el organismo, nuestro país se encuentra en el lugar número quince en la exportación de cultivos y productos de ganadería, detrás de países como China, Estados Unidos, Alemania, Japón, Holanda y Francia.

Lograr que México se consolide dentro del Top 10 de países productores y exportadores de productos agropecuarios es un paso obligado que debería darse en pocos años, pero también significa un reto importante, pues implica hacer un campo más productivo y competitivo, que solamente podrá ser posible mediante una mayor tecnificación y su modernización.

Entre otras cosas es importante mejorar el modelo operativo actual del campo, fomentar la producción de productos estratégicos (como el café), pero también la producción de productos con nichos de mercado en desarrollo, de acuerdo a las tendencias mundiales, como los productos orgánicos. En este proceso es prioritario aumentar la integración de cadenas productivas regionales, que hasta ahora muchas se encuentran fragmentadas, sin incluir a los pequeños productores rurales y desarticuladas del mercado. Para tal efecto, es obligado considerar la multiplicación de parques agroindustriales y diseñar estrategias enfocadas a fortalecer las cadenas productivas desde un enfoque de agronegocios, es decir, asegurando la integralidad del proceso, desde la producción primaria, su transformación industrial, la logística de trasporte y concurrencia al mercado. Bajo este enfoque, se lograría aumentar el contenido nacional, integrar a los pequeños productores y cerrar las brechas de oferta y demanda del mercado. Por último, también es necesario aumentar la innovación y desarrollo tecnológico de técnicas de cultivos, insumos fertilizantes y maquinaria; aumentar la capacitación de los recursos humanos del campo; e incrementar y mejorar los esquemas de apoyos y financiamiento.

En este sentido, la Política Agraria Común (PAC) de la unión Europea, así como la política agropecuaria de Turquía son referentes internacionales de los que México podría retomar algunas de las mejores prácticas. La PAC, cuyo origen se remonta a 1962, en principio tenía el objetivo de aumentar la producción y abastecimiento agrícola en la Europa de la Posguerra. Sin embargo, a partir del 2003 la PAC establece como objetivos el mejorar la productividad agrícola y garantizar a los agricultores una vida razonable, bajo un entorno de sustentabilidad del medioambiente. Vale la pena mencionar que la PAC absorbe una parte muy importante del presupuesto de la Unión Europea (40 %), que es empleado en el desarrollo de mayor tecnología y métodos agrícolas de acuerdo al tipo de cultivo; apoyos a la renta para la adopción y uso de métodos cada vez más amigables con el medio ambiente; asistencia técnica y financiera para garantizar que los agricultores sigan trabajando la tierra y generando empleos; becas y apoyos a jóvenes para iniciarse en la agricultura; y el fortalecimiento de las cadenas productivas. Por su parte, Turquía adoptó una Estrategia Nacional de Desarrollo Rural (NRDS), por sus siglas en inglés, que gira principalmente en torno a cuatro ejes: i) el desarrollo económico y la creación de empleo mediante la diversificación y competitividad de la producción rural; ii) fomentar la capacitación de los recursos humanos del campo y combatir la pobreza rural; iii) aumentar la infraestructura física rural; y iv) fomentar la protección y el cuidado del medio ambiente mediante prácticas agrícolas sustentables.

Las experiencias de la Unión Europea y Turquía son un referente importante para nuestro país, pero como en todos los ámbitos, las políticas de fomento tendrían que adaptarse al contexto propio de México. Hoy en día el gobierno federal, principalmente a través de la SAGARPA, y los gobiernos estatales han logrado articular una política agropecuaria que comienza a generar importantes resultados; no obstante, es importante que se siga fomentando su desarrollo durante los siguientes años, por el impacto económico y social que genera tener un campo productivo y competitivo.

Impulsar el desarrollo del sector agropecuario es una tarea indispensable para lograr una mayor justicia social y generar crecimiento económico. Desde el punto de vista social es importante pues gran parte de la población mexicana (20 % del total) vive en comunidades rurales, mientras que 7 millones de personas se dedican a las labores del campo. Por ello, es fundamental se puedan generar las condiciones para que los campesinos sigan trabajando la tierra, con una calidad de vida adecuada y no busquen mejorar sus oportunidades mediante la migración hacia Estados Unidos o integrándose a actividades de baja productividad y/o dentro del sector informal. Desde el punto de vista económico, que nuestro país logre una seguridad alimentaria y un campo competitivo implica una población mejor alimentada y más productiva, precios relativos más bajos para la manufactura y servicios, mayor flujo de divisas y comercio internacional, la integración de cadenas productivas y mayor crecimiento económico.

El crecimiento logrado por el sector agropecuario en los últimos cuatro años indica que esta actividad empieza a fortalecerse. Ahora bien, es necesario reforzar y mejorar las políticas de fomento y modernización del campo, apoyados en experiencias internacionales que actualmente constituyen las mejores prácticas mundiales. Para lograr el desarrollo económico, México necesariamente debe lograr el desarrollo del sector agropecuario. Hoy en día tenemos la oportunidad de construir un sector moderno y justo, por el bien de toda la población. ¡Trabajemos todos en el desarrollo del campo!

 


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