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La oportunidad histórica del Presidente Peña.

 
  • Con el triunfo de Trump, la incertidumbre jamás tuvo tanto sentido.
  • Transformar amenazas en oportunidades, requiere una visión anticipatoria.
  • Abrir nuevos mercados, entre ellos el mercado interno, demanda una nueva estrategia.
  • Los americanos son nuestros aliados, los canales de negociación están abiertos.
  • El gobierno del Presidente Peña tiene una oportunidad histórica.

Año 2016 - Noviembre, 14 - No. 785
 
 

La oportunidad histórica del Presidente Peña.

Renegociar el TLCAN, es un escenario ineludible, ya se esperaba independientemente de los resultados electorales. De alguna manera, la renegociación ya se había hecho en temas de regulaciones ambientales, laborales, propiedad intelectual, entre otros. ¿Cuál es la estrategia? Surge ahora la oportunidad de llevar una renegociación diferente más favorable para México, sus cadenas productivas y el empleo; los canales están abiertos, tenemos mucho que dar y recibir mutuamente, no deberán de haber ganadores o perdedores. Para ello, es importante que el equipo negociador tenga la sensibilidad y esté preparado, ya que no sería conveniente poner en primera fila los fundamentos que en su momento construyeron el TLCAN, las condiciones ahora son muy diferentes y no hay espacio para errores.

Con la administración Trump, para nuestro País, 2017 y quizá todos los que dure el gobierno “trumpista” serán de cambios que necesariamente nos obligan a prepararnos con un plan de mediano y largo plazo para ahora si aprovechar la oportunidad de fortalecer el mercado interno, apostar por un desarrollo de la planta productiva nacional que nos permita dejar de ser un país maquilador. Además, debemos consolidar las relaciones comerciales y aprovechar los tratados comerciales que se tiene con el mundo; acelerar los beneficios y ventajas de las Reformas Estructurales, además de confirmar una relación estrecha de vecindad con Estados Unidos en lo industrial, comercial y financiero, después de todo con Trump y sin Trump, seguiremos siendo vecinos.

Cuando despertó, Trump estaba allí... para quedarse.

Sin duda el mundo económico y político se ha visto conmovido por el sorprendente triunfo de Donald J. Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de América. Las reacciones inmediatas no se hicieron esperar y como una suerte de efecto dominó que siguió a la luz del día tras los resultados, las bolsas de valores de Asía, seguidas por las de Europa, registraron caídas, algunas con pérdidas significativas. El contraste se presentó en la bolsa de Nueva York, que obtuvo ganancias (Dow Jones y S&P) impulsadas por las expectativas positivas de las empresas norteamericanas ante las políticas protectoras y desreguladoras (eliminación de impuestos) que podría establecer el nuevo gobierno, así como el curioso entusiasmo de las empresas financieras y bancarias que esperan que las fuertes inversiones en infraestructura (deficitarias) impulsen la inflación y el aumento de tasas de interés y por ende el valor de los bonos. La bolsa mexicana no quedó excluida del rally de pérdidas y registró su mayor caída desde septiembre de 2011.

Por su parte, los mercados de divisas experimentaron volatilidad pero en diferentes direcciones. En algunos casos, el dólar perdió espacio, por ejemplo, frente al Yen japonés, y la Libra inglesa, y lo ganó ante otras monedas altamente comerciadas como el Euro (que al principio perdió pero luego se recuperó en una suerte de sube y baja), y las de refugio en particular el peso mexicano. Como apuntábamos en una entrega anterior, tal parece que la fluctuación de la cotización peso/dólar estuvo determinada en las últimas semanas por la campaña presidencial, donde una aparente mejoría en las preferencias por H.R. Clinton favorecía al peso y en favor de D.J. Trump, lo perjudicaba. Obviamente, el resultado final afectó severamente a nuestra moneda llegando a rebasar en los mercados interbancario y FIX los 20 pesos por dólar, fijando record histórico de velocidad de depreciación (poco más de 10 % en unas cuantas horas).

En cierta forma, las reacciones de los mercados financieros fueron las esperadas ante el resultado inesperado, por lo que ninguna institución reguladora o de política financiera o monetaria se “apanicó”. Sólo se dijeron expectantes y preparadas para actuar si era meritorio. Tal fue el caso de la Secretaría de Hacienda y el Banco de México que emitieron un mensaje para calmar a los mercados caracterizado por el sentido de sensatez e invocando las fortalezas que la economía mexicana ha, aparentemente, acumulado en los últimos años, esperando que la sobrerreacción se diluyera. No obstante, es innegable que el “efecto trump” llegó para quedarse y la divisa estadounidense parece no bajará en los próximos meses del umbral de los 20 pesos por unidad. Como ya lo ha expresado en variadas ocasiones el BANXICO, si los efectos de la depreciación del peso se traducen en presiones inflacionarias (lo cual ya está sucediendo) intervendrá no sólo incrementado su tasa objetivo sino incluso con reservas, habrá que esperar la decisión de esta semana.

Ahora bien, la verdadera incertidumbre que está tomando sentido se registra en el ámbito de los mercados reales, en especial el comercio mundial de bienes y servicios. Durante su campaña, el presidente electo Trump señaló su clara intensión de revisar e incluso abandonar los tratados comerciales negociados por su país, sustituyéndolos por una política proteccionista en aras de salvaguardar a los norteamericanos de los “daños que el libre comercio les ha causado”. Desde el TPP, cuya ratificación se puede dar prácticamente por negada, pasando por el Tratado que actualmente se negocia con la Unión Europea (conocido como TTIP) que podría quedar en el limbo; hasta el TLCAN —que ya ha cumplido más de 20 años de aplicación—, y que enfrentará dos escenarios: la revisión o el abandono. Cualquiera de los tres tratados, si los Estados Unidos (que representan el 24.5 % del PIB mundial), no participan quedaría sin sentido, ya que el principal socio (y mercado) es precisamente nuestro vecino del norte. Los impactos en los países negociantes sin duda serían significativos, traduciéndose en caídas en el PIB y el empleo asociado a la exportación, de allí el nerviosismo mundial. ¡El libre comercio ha muerto! ¡Viva el libre comercio!

“Esa ciencia sombría”

En el caso de nuestro país, la situación es aún más compleja. Somos quizá uno de los países más ligados a los Estados Unidos, no sólo en aspectos económicos, sino en temas de migración y desde los ataques del 9/11, a la seguridad interna, por la frontera de 3,185 kilómetros que compartimos, y que registra la mayor cantidad de cruces de personas y mercancías en un día a nivel mundial. En este contexto, no es de extrañar que la economía mexicana sea una de la más afectadas por el triunfo de Trump, ya que, a lo largo de su campaña, manifestó constantemente su animadversión a los mexicanos, amenazando con deportaciones masivas, la construcción de un muro fronterizo (pagado con impuestos y cuotas a los propios mexicanos) y el abandono del TLCAN. Ciertas o falsas (o más bien posibles o imposibles de realizar), estas amenazas deben ser tomadas muy en serio, lo que implica que ya deberíamos tener una estrategia ante este escenario que se está materializado.

Plantear que la elección de D.J. Trump como nuevo presidente de los Estados Unidos de América es una oportunidad para nuestro país, resulta una obviedad si lo vemos desde la perspectiva de planeación estratégica. Es precisamente el arte de la planeación prospectiva el lograr convertir las amenazas en oportunidades de manera anticipatoria. Sin embargo, la historia lamentablemente no miente y ha quedado demostrado que en las instancias gubernamentales no se ha cultivado y mucho menos practicado esta disciplina. Tomemos ahora el reto y construyamos esa “visión de futuro”; ya no hay marcha atrás.

Reaccionamos y no planeamos. Desde hace tiempo se ha planteado que es necesario que el sector exportador se diversifique, que no es conveniente que se dependa de un único mercado, lo que ha quedado más que evidente desde la gran recesión de 2009. Ahora con la elección de D.J. Trump, cuya política comercial es el proteccionismo, volvemos a retomar la idea de la necesidad de diversificar mercados, de aprovechar la extensa (y para fines prácticos inútil) red de tratados y acuerdos comerciales que se han firmado con una gran cantidad de países. Lo mismo con el planteamiento de fortalecer el mercado interno, de desarrollar proveedores con alto valor agregado y cadenas productivas nacionales, para crecer desde adentro.

Todos entendemos y aceptamos la voluntad del país vecino. Cierto es que la exageración es mala consejera, y es peor crear miedos y falsas expectativas, empero los escenarios no son del todo halagüeños. Cualquier decisión que tome el gobierno de Trump por acotada que sea, tendrá un efecto. Ahora bien, no hay que olvidar que, por el lado de la migración y la construcción del muro, sólo se estarían reforzando las políticas que el gobierno de Obama ya viene realizando. Como apuntábamos en una entrega anterior, el saldo migratorio entre deportaciones y retornos voluntarios y nuevos ingresos (legales e ilegales) ha sido negativo en los últimos años, y en las fronteras de algunas ciudades ya se ha levantado y se sigue extendiendo un muro. El problema se centraría en qué hacer con los migrantes (nacionales, centroamericanos y ahora haitianos y africanos) que se quedarán en la frontera mexicana y los que retornarán buscando ingresar al mercado laboral. ¿Cuál es la estrategia?

Al menos en temas económicos, los americanos son nuestros aliados. Desde antes de la firma del TLCAN, la integración comercial y de negocios entre México y Estados Unidos ya había alcanzado niveles importantes. La industria maquiladora de exportación es, de alguna forma, el vivo ejemplo de tal integración, pero a la vez nuestro principal “Talón de Aquiles”. Si los Estados Unidos nos compran prácticamente todo lo que nuestra ¿industria? produce para ser exportado, es porque está destinado a ellos. Las plantas ensambladoras localizadas en nuestro territorio son parte de una cadena global destinada a producir lo que los americanos consumen, incluyendo a nuestro producto estrella, los automóviles y las autopartes.

Las maquiladoras y la industria automotriz que generan alrededor del 80 % de las exportaciones no petroleras y 4 de cada 6 empleos en la industria de transformación, son empresas norteamericanas o asiáticas con intereses norteamericanos. El TLCAN en gran medida vino a facilitar e incrementar esa integración regional. Sería un auténtico “balazo en el pie” si Trump abandona el Tratado, los perjudicados serían los ciudadanos mexicanos, pero también los norteamericanos. Trump es hombre de negocios, que debe entender que el libre comercio no es cuestión de nacionalismos trasnochados, sino de costos y ganancias. Ese camino se debe resaltar durante el inminente proceso de renegociación del Tratado. Ahora bien, no debemos dejar de lado que Trump un empresario local dedicado a la construcción dentro de su país, hay que vigilar la visión de negocios internacionales que se requiere.

 


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