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Claroscuros del sector agropecuario.

 
  • Desde que se firmó el TLCAN, por primera vez se logró un superávit comercial agropecuario.
  • Se ha privilegiado la producción de bienes para la exportación.
  • Mientras la seguridad alimentaria sigue dependiendo de las importaciones.

Año 2016 - Agosto, 22 - No. 773
 
 

En 1993, las exportaciones de productos agropecuarios de México equivalieron a $2,789.7 millones de dólares (mmd) y en 2015 estas sumaron $12,970.6 millones. Este crecimiento de 365 % sin duda tiene una importante base en la entrada en vigor del TLCAN, lo que permitió el acceso a uno de los mercados más grandes de consumo en el mundo. Empero en contraparte, nosotros también nos convertimos en mercado para nuestros socios, así que la apertura comercial trajo consigo un incremento casi en la misma proporción (312 %) en nuestras importaciones agropecuarias totales, pasando de $2,726.7 mmd en 1993 a $11,240.9 millones.

Destaca en este contexto que, con la apertura, nuestro sector externo agropecuario se volviera deficitario. En 1993 se registró un superávit de $62.9 mmd, para iniciar una vida de déficit comercial (exceptuando los años de 1995 y 1997). No fue sino hasta 2015 en que se vuelve a registrar un superávit (por $1,729.7 mmd), lo que representa un destacado revés en la tendencia que se seguía. Cabe señalar que entre enero y junio de 2016 se registra un superávit por $2,149.1 mmd en nuestra balanza comercial lo cual da indicios de que se superará el de 2015.

Si analizamos los principales productos agropecuarios comerciados, encontramos una suerte de transformación de la canasta de exportación mexicana. En 1993, los cinco principales (por su valor) productos exportados fueron: ganado vacuno (16.1 % del total); jitomate (14.2 %); otras legumbres y hortalizas frescas (10.5 %); camarón congelado (9.6 %) y café crudo en grano (9.1 %). Para 2015, los cinco productos fueron: jitomate (13.0 %); aguacate (12.6 %); otras legumbres y hortalizas frescas (12.0 %); pimiento (7.1 %) y frutas y frutos comestibles (6.8 %). Como se puede observar, los frutos y hortalizas se han colocado como las principales exportaciones mexicanas; destaca el aguacate cuyo valor de exportación pasó de apenas $19.1 mmd en 1993 a $1,632.4 mmd, un exorbitante aumento de 8,430.5 por ciento.

Estos resultados no son de extrañar si consideramos que se ha desarrollado en el campo mexicano un sector productivo y competitivo, capaz de llevar productos de alto valor comercial a países desarrollados como lo son las hortalizas. Si a ello agregamos los apoyos a la tecnificación, comercialización, apertura de mercados y logística que se reciben por parte de organismos gubernamentales como la SAGARPA y Proméxico, se puede hablar de un avance importante

Sin embargo, no podemos soslayar que ante este gran avance de empresas tecnificadas y altamente competitivas y globalizadas y orientadas a la exportación, el campo mexicano está en su mayor proporción compuesto por productores que buscan abastecer al mercado nacional pero que desgraciadamente no lo logran. Se pueden destacar dos grupos de productores agrícolas: Aquellos (la mayoría) que en promedio poseen 2 hectáreas y que siembran para autoconsumo y sobrevivencia y, por otro lado, aquellos que cuentan con más de 50 hectáreas, están tecnificados y aportan la mayor parte de la producción total del sector. Esta producción debe incrementar su participación en el PIB, ya que ha ido decayendo. Durante los años 90, la participación del sector primario en el PIB rondaba el 3.5 %, en los últimos 5 años ha rondado el 3 %.

En este tiempo, la política agropecuaria ha estado orientada a incentivar la productividad del campo. El instrumento han sido los subsidios directos a los campesinos, empero con estas acciones la productividad no se ha incentivado, sobre todo en los cultivos básicos que son la base de la dieta del mexicano como lo son maíz y arroz, lo que pone en dificultades el logro de la seguridad alimentaria ya que nos ha hecho altamente dependientes de las importaciones de estos productos.

Revisando las importaciones agropecuarias durante el periodo que analizamos, encontramos que en 1993 los 5 principales productos importados eran: semilla de soya (19.3 %); sorgo (13.2 %); trigo (8.5 %); leche y sus derivados (8.3 %) y otros productos agropecuarios con el 8.0 % del total importado. Para 2015, se presenta un cambio muy importante. El principal producto importado es maíz, que en 1993 ocupaba el lugar 14 con apenas el 2.6 % del total, y ahora sus importaciones equivalen a $2,458.7 mmd (22.9% del total), lo que implica un incremento del 3,426.2 % del valor importado en 1993, le siguen semilla de soya (14.0 %); trigo (9.1 %); otros productos agropecuarios (7.2 %) y leche y sus derivados (7.0 %).

De acuerdo con la FAO, existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana. Las altas importaciones de maíz y trigo deben ser un tema relevante para la política pública del campo, sobre todo desde el punto de vista de la propia seguridad alimentaria, ya que es peligroso y poco deseable que el contenido importado del consumo aparente de estos productos básicos en la dieta del mexicano como el maíz y el arroz supere el 80 % y del trigo el 50 %. Lo anterior, implica que se destinan grandes cantidades de dinero a importar productos básicos, recursos que podrían aprovecharse en programas más afectivos para elevar la productividad del campo. Es sumamente importante que se desarrolle una verdadera política agrícola integral, de sustentabilidad y de largo plazo. Sin duda, se han dado pasos importantes; ahora es momento de seguir el paso con mayor velocidad y hacia el escenario apuesta con visión de futuro.

 


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