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Y el muro, ¿para qué?

 
  • Donald Trump ha propuesto construir un muro para detener la “dañina” entrada de mexicanos a su país, ignorando la realidad del fenómeno migratorio y los beneficios que ha aportado.
  • Los mexicanos migrantes han realizado importantes aportaciones a la economía y la sociedad norteamericana.
  • A raíz de la crisis económica, el flujo migratorio se suavizó, llevando a un fenómeno de “migración neta cero”. Sin embargo, se está revirtiendo.

Año 2016 - Agosto, 15 - No. 772
 
 

“Necesitamos un muro porque México no es nuestro amigo”. Es la postura de Donald Trump, candidato del Partido Republicano a la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, quizá una de las más polémicas y controversiales de sus declaraciones y que ha marcado la línea de la relación que, en caso de ganar las elecciones, su gobierno tendría con nuestro país, y que se podría resumir en hostil. Su plan es construir un muro entre la frontera de ambos países, para fin de, según él, prevenir que la inmigración ilegal, la pobreza y el crimen traspasen la frontera entre su Nación y la nuestra.

A decir de Trump, "Cuando México envía su gente, no está enviando lo mejor. Están enviando gente con problemas, y están trayendo muchos problemas. Están trayendo drogas. Están trayendo crimen. Son violadores, y algunos, asumo, son buenas personas". Palabras que sin duda seguirá repitiendo a lo largo de su campaña, pero que a todas luces son falsas. Nada más alejado de la realidad y los números y la historia lo demuestran.

Los Estados Unidos de América ha sido y seguirá siendo un país receptor de migrantes. Según los censos y las proyecciones, desde 1965 cuando entró en vigor la Ley de Inmigración y Nacionalidad han arribado a ese país más de 59 millones de inmigrantes, de tal suerte que la proporción de “nacidos en el extranjero” pasó de poco menos del 5 % en aquel año, a cerca del 14% en 2015 y se proyecta (Pew Research Center) que para 2065, la proporción habrá llegado a casi 18 % del total de habitantes. Tan importante es esta tendencia, que los migrantes y sus descendientes contribuirán con el 88 % del crecimiento poblacional alcanzado en ese año.

Es de destacar otro fenómeno que se ha gestado con la llegada de inmigrantes, y es la recomposición racial de los habitantes norteamericanos: mientras que en 1965 el 4 % de la población era de origen hispano (latino) y el 1 % asiático, para 2015 se estima que estas proporciones son de 18 y 6 por ciento respectivamente. Las principales regiones orígenes de los migrantes han variado a lo largo de los años, destacando Europa hasta antes de 1970, dejando el lugar a Centro América y el Caribe (incluyendo México) y más recientemente a China y la India.

Por nuestra vecindad, no es de extrañar que México sea uno de los principales orígenes de los inmigrantes; los registros históricos muestran esta condición prácticamente desde que la nación es independiente, alcanzando su hegemonía a partir de 1980. Las estimaciones del Pew Center, establecen que entre 1965 y 2015, ningún otro país ha enviado más migrantes (legales o ilegales) a Estados Unidos, aproximadamente 16.2 millones de compatriotas. En 2015, según las estadísticas del Current Population Survey CPS de la oficina de censos, existían 36.9 millones de habitantes en Estados Unidos de origen mexicano, de los cuales 12.2 eran migrantes (cabe señalar que la diferencia con los 16.2 millones indicados anteriormente, se encuentra entre la cantidad de repatriados, ciudadanizados y fallecidos). Cabe señalar que en 2014 se estimó que vivían de manera ilegal 5.6 millones de mexicanos inmigrantes en el país vecino.

Como señalamos, en las últimas décadas, la migración laboral de mexicanos hacia Estados Unidos, ha crecido casi exponencialmente desde 1970 convirtiendo al país en el principal “exportador” de migrantes, así como de los principales receptores de remesas, incluso a nivel mundial. Es precisamente en lo tocante a las remesas en la que la mayoría de los análisis se centran para medir los efectos de la migración. Sin embargo, este tema atañe más al país de origen que el receptor, siendo que para éste también se presentan beneficios significativos.

En el caso de la migración mexicana, la contribución a la economía norteamericana ha sido sin duda importante. De entrada, los migrantes cubren puestos de trabajo para satisfacer la demanda laboral. Según la CPS, los migrantes mexicanos ocupados, pasaron de 6.5 millones en 2005 a 7.6 millones en 2015, y la tasa de desempleo pasó de 6.1 % a 5.7 % en ese mismo periodo. En 2015, los sectores con mayor ocupación de migrantes mexicanos eran la construcción (17.9%), hotelería y esparcimiento (14.2 %), manufacturas (13.5 %), servicios profesionales (13.1%) y comercio (11.4 %), del total.

Otra contribución de suma importancia para la economía de Estados Unidos que realizan los migrantes mexicanos es su aportación al PIB, ya sea vía la participación en actividades productivas como vía el consumo. Haciendo un ejercicio muy elemental, si multiplicamos la productividad media por hora trabajada por el número de horas promedio por trabajador, tenemos que, en 2015, los 7.6 millones de migrantes mexicanos ocupados generaron un PIB de $16,548.57 miles de millones de dólares (medidos a precios constantes de 2010 a PPP), lo que representa el 2.3 % del PIB norteamericano y el 19.3 % del mexicano.  Ahora bien, los mexicanos ocupados recibieron en 2015 un salario promedio anual de $31,516 dólares, lo que significa una masa salarial de $239.7 miles de millones de dólares, si a este monto le restamos los $24,784.7 millones de dólares (10.4 %), que se enviaron de remesas tenemos que los mexicanos representaron una capacidad de consumo de $214.5 miles de millones de dólares, ello sin contar el efecto multiplicador de la capacidad de consumo. De igual forma, habrá que considerar los impuestos y contribuciones que se pagan por los ingresos al trabajo.

Se puede plantear entonces que existe una relación de beneficios mutuos para ambas economías con la entrada de migrantes (no sólo mexicanos) a los Estados Unidos, y el flujo está ligado al propio crecimiento de la economía norteamericana, que al generar empleos atrae a migrantes. Esta relación quedó evidenciada al observar que desde que inició la actual crisis económica, el flujo de migrantes mexicanos se ralentizó, de tal suerte que entre 2007 y 2014, el crecimiento medio anual fue de (-)0.37%, pasando de 11.8 a 11.5 millones de migrantes. Incluso la migración ilegal se redujo ya que pasó de 6.95 millones en 2007 a 5.85 millones en 2012 (cálculos del Pew Research Center). De igual forma, se ha presentado un fenómeno de repatriación de mexicanos, la Secretaría de Gobernación ha reportado que entre 2007 y 2015 se registraron 3.73 millones de eventos de repatriación (tanto voluntarios como deportaciones), situación que ha llevado a plantear la existencia de un fenómeno conocido como “migración neta cero”, en donde el saldo entre entrada de migrantes y repartidos resultó negativo en 140,000 mexicanos entre 2009 y 2014, según el Pew Research Center. Sin embargo, el repunte entre 2014 y 2015 pasando de 11.5 a 12.2 millones de migrantes hace pensar que se está revirtiendo esta situación, la cual; no obstante, seguirá ligada al crecimiento económico de los Estados Unidos y la recuperación de su demanda laboral.

El fenómeno de reducción del flujo migratorio, no sólo está ligado a la situación económica, sino también a los mayores controles antiinmigrantes. Lo anterior permite plantear que no hace falta un muro, pero a la vez que este muro no sería un obstáculo para la migración ilegal la cual ha continuado, no sólo de mexicanos, sino también de centro americanos, cuya migración ilegal sigue creciendo (pasó de 1.3 millones en 2005 a 1.7 millones en 2012).

Los controles migratorios durante el gobierno de Obama se han endurecido y aun así la migración ilegal no se detiene –aunque como lo señalamos el saldo entre los que van y regresan se aproxima a cero-, y persistirá mientras haya falta de oportunidades en nuestro propio país. Ciertamente la solución tampoco consiste en erigir un muro –como el que pretende construir Dunald Trump-, que por más largo y alto que llegue a ser, siempre será menor que deseo de los migrantes por conseguir una vida mejor. La solución más atinada, pues, no cosiste en construir barreras físicas al libre tránsito de personas, sino seguir generando oportunidades al interior de cada país por medio de políticas de desarrollo económico y social y, a la par, desarrollar una Política de Migración en beneficio de todos los países vecinos –es decir incluyendo a Norteamérica y Centroamérica- pues si se hace bien, a todos se beneficia.


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