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El 2016 empezó en chino.

 
  • La actual situación de China refleja la crisis mundial.
  • El país está entrando a una etapa de adolescencia en su socialismo pragmático.
  • El impacto de China sobre la economía mundial se da vía el comercio.
  • Las medidas que ha tomado buscan darle más competitividad en un mercado globalizado.

Año 2016 - Enero, 25 - No. 744
 
 

Sin duda, 2016 ha iniciado con serios problemas económicos a nivel mundial y nacional: caída de las bolsas, devaluación de monedas y, la precipitación de los precios del petróleo son los más visibles. Un caso a destacar, en este contexto, es el de China que en los últimos meses ha contribuido a la turbulencia internacional. Llamado el Gigante Asiático, desde que ha buscado integrarse de manera amplia al comercio y las finanzas internacionales, puso en práctica una suerte de socialismo pragmático que ante la crisis mundial ha llegado a verse afectado y, por ende, reacciona con medidas ortodoxas.

Luego de que por mucho tiempo el Banco Central chino mantuvo sin mover la cotización yuan-dólar (seguros de la fortaleza que significaba su poderío exportador y sus altísimas reservas), ante la problemática que ha enfrentado en los últimos meses por una baja demanda por sus productos, ha tenido que ceder devaluando, a partir de agosto del año pasado, su moneda buscando mantener su competitividad. Esta decisión ha impactado a los mercados porque manda señales que se interpretan como negativas: el gigante asiático ha estado reduciendo su ritmo de crecimiento y tiene problemas.

La importancia mundial de China y, consecuentemente, el impacto que genera una reducción en su crecimiento o una devaluación de su moneda, se manifiestan a través de lo que simboliza para distintos países en términos del comercio internacional. Para Europa y Estados Unidos significa un destino donde han invertido por años, por lo que el debilitamiento de la producción industrial y de sus ventas al exterior es un signo negativo, lo que se ha reflejado en caídas en bolsas. De igual forma, teniendo China un gran nivel de ahorro, se ha convertido en prácticamente el banquero exterior y prestamista de varios países. Destaca el que sea el principal tenedor de bonos del gobierno de EE.UU. en posesión de extranjeros; a noviembre de 2015 poseía 1,264.1 billones de dólares (el 20.6 %) sólo seguido de cerca por Japón con el 18.7 % (1,144.7 billones). En este contexto, ambos países están muy interesados en mantener el valor de dólar alto en comparación con sus propias monedas, situación que mantiene sus exportaciones a los Estados Unidos con mayor rentabilidad, impulsando su crecimiento.

De igual forma, para países vecinos como Corea del Sur, Malasia y Rusia y los países de América Latina como Chile y Brasil, la nación socialista representa uno de sus principales compradores de materia prima (cabe señalar que China es el segundo consumidor de petróleo en el mundo después de EE. UU.); para México, es un fuerte competidor ante su principal (único) mercado de exportación y un “proveedor” para el mercado interno formal e informal.

La cadena de sucesos que ha llevado a la situación que atraviesa la economía china es clave de entender. La baja en la demanda mundial por productos chinos, por una parte de EE. UU. y Europa por su crisis, y de los países petroleros por la baja de sus ingresos, ha puesto en complicaciones a la producción manufacturera china. La producción industrial del gigante asiático se desaceleró durante 2015 al pasar su ritmo de crecimiento del 8.3 % en 2014 a 6.1 % el año pasado. Estos datos se concatenan con el anuncio del gobierno chino de que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) registró el incremento anual más bajo en 25 años, un 6.9 por ciento anualizado.

Comparando con otras economías, un crecimiento de 6.9 % no es nada despreciable; implica una expansión de su PIB equivalente a 500,000 millones de dólares, poco menos del 40 % del PIB mexicano; para 2016, la expectativa de las autoridades chinas es de un crecimiento de 6.8 %. Sin embargo, los números sobre el comportamiento de la economía china hay que tomarlos con un “granito de sal”, ya que muchos datos no concuerdan del todo si se revisan minuciosamente saldos de reservas y volúmenes de exportación.

La devaluación del yuan, tiene un objetivo básico que es mantener la competitividad de las exportaciones chinas. Siendo el líder económico de las naciones emergentes, sus decisiones impactan a sus competidores y a sus clientes, son decisiones naturales para un país que juega de tú a tú con las naciones capitalistas, y tiene con qué hacerlo.

El vicepresidente chino Li Yuanchao comentó en Davos que el país está entrando a una fase de nueva normalidad, buscando un ritmo de crecimiento medio-alto con mayor calidad que velocidad, una expansión sustentable y basada en una mayor diversificación de sectores. No podemos estar más de acuerdo, China seguirá siendo un importante motor de la economía mundial, y está transitando hacia su adolescencia en el socialismo pragmático que practica.

 


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