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Hacer realidad las expectativas.

 
  • El gran reto del Presidente es hacer realidad las expectativas… en tres años.
  • El decálogo del ejecutivo es un buen inicio; es necesario aterrizar en acciones efectivas.
  • Un cambio en el modelo de desarrollo implica transformar las instituciones y las mentalidades.

Año 2015 - Septiembre, 07 - No. 725
 
 

Del mensaje, que con motivo de la entrega del Tercer Informe de Gobierno ofreció el Presidente de la República, se desprenden dos asuntos de importancia relevante: Primero, se califica a los últimos doce meses como un año "difícil", lo cual se manifiesta no sólo en términos económicos, sino también sociales y políticos. Segundo, se plantea la necesidad de cambiar el modelo de desarrollo, tema polémico nada menor, ya que tiene implicaciones serias y profundas. En general la conclusión de la autoevaluación del jefe del ejecutivo es clara: es necesario seguir avanzando en los frentes político, económico y social para elevar el bienestar de la población mexicana y para ello es necesario la colaboración de todos los mexicanos.

En el tema político, destaca la necesidad de no claudicar en el combate a la corrupción e inseguridad en el País; ambos son factores clave para estimular la atracción de inversiones y mejorar la productividad laboral, así como elementos indispensables para lograr una sociedad más justa. Por ello, resulta importante el compromiso del C. Presidente de mantener el impulso a las iniciativas de ley para fortalecer el Estado de Derecho y concretar el consenso de todos los actores sociales y políticos. Asimismo, es necesario avanzar en la impartición de justicia, a una que sea imparcial, que no distinga nombres y preserve en todo momento las garantías y derechos de todos los ciudadanos: En términos del mensaje presidencial, es necesario lograr una "Justicia Cotidiana".

En el frente lo económico, si bien las comparaciones de desempeño pueden ser injustas porque las condiciones no son las mismas, es de destacar que la primera mitad de la actual Administración, ha registrado un crecimiento del PIB mayor a la de las dos administraciones anteriores (1.9 % en 20012-2015, contra 0.3 % en 2000-2003 y -0.1 % en 2006-2009). Sin duda, los eventos externos, entre los que destacan la lenta recuperación de la economía norteamericana, pero sobre todo la caída en los precios del petróleo, que se ha manifestado en los últimos 12 meses, han deteriorado las expectativas de crecimiento como en instrumentación de las reformas económicas. No obstante, también se debe reconocer que, a pesar de las condiciones externas adversas, la economía mexicana sigue demostrando su solidez macroeconómica, condición necesaria instrumentar políticas económicas con una adecuada planificación de futuro propia y no impuesta para cumplir compromisos internacionales, como en los casos de los años ochentas y noventas.

Respecto al crecimiento económico, es necesario reiterar, como lo hemos ya hecho en otras ocasiones, que nuestro país se encuentra inmerso en medio de la coyuntura de bajo crecimiento mundial. Las naciones que anteriormente eran el pilar del dinamismo económico, ahora se enfrentan con serias dificultades para aumentar su nivel de producción y empleo. Si bien la fortaleza macroeconómica y la competitividad de las exportaciones manufactureras mexicanas hacia Estados Unidos han podido apoyar el crecimiento de la producción mexicana, entre los temas que aún es necesario concretar son el fortalecimiento del mercado interno, la consolidación de las cadenas productivas en todos los sectores económicos, el apoyo a las MiPyMes y el fomento al desarrollo regional, principalmente de las regiones menos avanzadas del país.

Para alcanzar los objetivos económicos aún pendientes, se requiere instrumentar una estrategia profunda que necesariamente involucra concatenar esfuerzos del sector privado y gubernamental para elevar el nivel de productividad laboral, mejorar el nivel de los salarios, fomentar una política sectorial-regional que apoye las vocaciones productivas de cada entidad, así como continuar mejorando las capacidades del capital humano. Sin duda, estas grandes encomiendas, no podrán conseguirse del todo en sólo 3 años que le quedan a la actual Administración, pues representan debilidades estructurales de la economía mexicana que se gestaron desde hace muchos años, pero las acciones que se han tomado en la materia por parte del Ejecutivo, como la Creación de Zonas Económicas Especiales y apoyos a pequeños productores y empresarios, representan un buen inicio para conseguir esta meta. De igual forma, las reformas estructurales van por buen camino, pero sus efectos son de mediano y largo plazo, por lo que se requieren políticas más certeras para incentivar el crecimiento, este y los siguientes años.

En lo social, hay que destacar que aunque varios de los programas y acciones instrumentados durante estos primeros años han tenido logros, como en el caso de la "cruzada contra el hambre", ciertamente los impactos no han sido los esperados. México sigue siendo un país con una enorme pobreza que profundiza el sentimiento de desigualdad e inconformidad social. El análisis publicado por el CONEVAL en fechas recientes demuestra que la pobreza extrema ha disminuido, aunque no se ha podido disminuir el nivel general de pobreza. En otras palabras, las políticas de asistencia social enfocadas en los más pobres, han surtido efecto pero, pero ahora es necesario pasar a una etapa donde no sólo se les dé de comer el pescado, sino también se les enseñe a pescar. En este contexto, la Reforma Educativa juega un papel importante aunque apenas está dando sus primeros pasos y sus alcances serán de largo espectro. Por ello, cobran una gran trascendencia las acciones de más corto plazo como las anunciadas por el Ejecutivo (aunque sin soslayar la Reforma) como la renovación de la infraestructura educativa y la creación de un programa nacional de inglés. Desde el punto de vista del crecimiento endógeno, la inversión en educación tiene un doble impacto, primero vía el aumento del gasto público y segundo aumentando los niveles de productividad social.

El componente productivo de la política social está aún pendiente. La premisa de que la mejor política social es una buena política económica que genere empleo bien remunerado, no se ha concretado y lo logrado no ha sido suficiente. Lo anterior, lo reconoció el Ejecutivo al señalar que no podemos permitir que sigan existiendo estas brechas sociales. Por ello, uno de los puntos más importantes del nuevo decálogo que presentó y que orientará el desempeño de lo que resta del sexenio, se refiere a un cambio en el modelo de desarrollo: Es necesario, como indicó, elevar la productividad, crear más empleo y generar riqueza. Buen propósito sin duda, empero, cambiar el modelo de desarrollo, requiere una transformación profunda.

El modelo de desarrollo engloba la estrategia que estamos siguiendo desde la década de los ochenta en la que luego de la grave crisis experimentada se decidió dar un giro de 180 grados y pasar de crecer basados en el mercado interno subsidiando a la industria nacional, a crecer basados en el mercado externo siguiendo las directrices de la globalización de los mercados y los capitales. Ambos modelos fueron exitosos en sus primeros años, pero se viciaron y decayeron. El primero con un fuerte proteccionismo que generó ineficiencias en las cadenas productivas; el segundo con una apertura y desregulación indiscriminada que ante la ausencia de una política industrial devino en una desarticulación de cadenas y, con ello, el volvernos un país maquilador.

Un nuevo modelo de desarrollo para las próximas décadas, implicaría explotar lo mejor de ambos modelos, perfeccionarlos y enriquecerlos. Las reformas estructurales sin duda son un bueno comienzo, hace falta más. Reindustrializarnos donde tenemos ventajas competitivas; diversificar cadenas de producción y mercados de consumo; fortalecer el mercado interno, con mejor preparación; innovar para ser competitivos. Incluso cabría indicar que antes que una Secretaría de Cultura, necesitamos una Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación, enfocada a fomentar el conocimiento productivo como Política de Estado.

Cambiar el modelo de desarrollo implica tener visión de futuro, transformar las instituciones, pero también la mentalidad autodestructiva. El Presidente con su discurso ha creado grandes expectativas, el reto ahora es volverlas realidad. ¡Le quedan tres años, no los desperdiciemos!

 


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