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encontramos en un momento complicado para el país. El gobierno está
buscando afanosamente la manera de hacerse de recursos para salir
del bache presupuestal que enfrenta. Y en ese sentido la pregunta
es, ¿cómo poder mantener el desarrollo económico con un presupuesto
mermado?
Quizá no necesitemos de recetas
complejas y políticamente inviables para poder mantener el
desarrollo a partir del gasto público. Más aun, nuestro gobierno
tiene la alternativa de hacer un cambio efectivo en el proceso de
desarrollo a través de un presupuesto público disminuido pero
verdaderamente focalizado hacia proyectos de inversión.
Por la experiencia
anterior, hemos visto que el gasto corriente no genera crecimiento
ni desarrollo. El PIB de nuestro país cayó cerca de -9% en el primer
semestre del año, mientras que el presupuesto de egresos creció 6.8%
en términos reales durante el periodo enero-julio de 2009. ¿Por qué
entonces no hemos podido salir del atolladero económico?
Porque la mayor parte de ese egreso
es corriente y no genera riqueza ni efecto multiplicador en la
economía. Si se redujera el gasto corriente de 75% a
67% del egreso total programable en el siguiente año fiscal, el
gobierno tendría 200 mil millones de pesos que detonarían el
crecimiento siempre que se invirtieran en proyectos de
infraestructura.
Esto no representa un ingreso adicional, sino un sesgo en
la política de gasto y representa una solución de corto plazo,
inmediata y fundamentada en resultados previos.
Ahora bien, si el gobierno requiere
ingresos adicionales puede recurrir a otras fórmulas, como por
ejemplo, elevar el déficit público hasta 3% del PIB, financiado con
un mayor endeudamiento público y privado. Esto representaría un
ingreso de más de 350 mil millones de pesos.
Y finalmente, entre las medidas
estructurales hacendarias que el gobierno tendría que implementar en
los próximos años se encuentran:
Terminar con la corrupción
y con la falta de celeridad y oportunidad en la ejecución del gasto
público. La corrupción cuesta al erario no menos de 150 mil millones
al año, si consideramos algunas prácticas fiscales de elusión y
evasión.
Eliminar las exenciones y los
regímenes especiales siempre que no afecten a la inversión o a la
generación de empleos. En este sentido puede eventualmente
realizarse una nivelación de los impuestos al consumo de algunos
rubros localizados y que no generen un deterioro en el ingreso de
las familias y mucho menos en la dinámica de
crecimiento.
Es fundamental que el Gobierno Federal tenga más recursos para
atacar los problemas estructurales, pero para ello, tendrá que hacer
un importante cambio en su política de egreso para que el dinero que
gaste se reflejen efectivamente en crecimiento para el
país.