
l 98%
de las casi 4.5 millones de unidades económicas establecidas en
México son micro, pequeñas y medianas empresas. Por ello, la
participación eficaz de éstas en la economía es la piedra angular
del desarrollo del país. No obstante, aún
falta reconocer su importancia y más aun, impulsar su crecimiento
con base en medidas concretas como: facilidades administrativas,
capacitación y consultoría, a fin de dotarlas con una estructura
organizacional que facilite el aprovechamiento de los recursos
financieros, técnicos y humanos a su alcance, de modo que
incrementen su productividad y su rentabilidad.
Las PYMES en México viven un
proceso de desarrollo que fue interrumpido abruptamente por la
crisis financiera mundial. Antes del choque, los programas públicos
de apoyo se encontraban en marcha aunque con moderada aceptación y
alcance. Posterior al colapso financiero, la epidemia de influenza
exacerbó el proceso recesivo y modificó la dinámica empresarial,
obligando a las empresas a tomar medidas emergentes para sortear la
coyuntura, que en el mejor de los casos permitiera a los negocios
sobrevivir.
Desafortunadamente, los
apoyos del gobierno han sido dispersos e insuficientes y con escasa
cobertura, por lo que las PYMES han tenido que instrumentar su
propia estrategia de supervivencia en los mercados, basada en la
flexibilidad y adaptación al medio. Su tamaño les permite
encontrar nichos de mercado con relativa facilidad. Para ponerlo en
perspectiva, los apoyos previstos para el ejercicio fiscal 2009
suman alrededor de 5,600 millones de pesos, mientras que la
aportación de las PYMES al PIB es de mil veces más, es decir, por
cada peso que una PYME aporta a la actividad económica, el gobierno
“devuelve” en promedio menos de un centavo en subsidios.
Para lograr un avance
sustentable y mayor competitividad, las PYMES requieren
profesionalizar su administración, integrar asistencia técnica e
información estratégica que les ayude a desarrollar un proyecto de
largo plazo sobre bases firmes. Adicionalmente, se
requiere asesorar y capacitar al personal en las competencias que
deben desarrollar para alinear procesos de negocio, de tal modo que
se optimicen los escasos recursos para elevar la productividad y la
rentabilidad. El gobierno, por su parte, requiere instrumentar
medidas orientadas a reducir trámites engorrosos e innecesarios, así
como facilitar el acceso a financiamiento y otros recursos útiles
para potenciar la capacidad productiva de las unidades
económicas.
Esperemos que los responsables de la economía en nuestro país se
decidan a dar los pasos necesarios y suficientes para diseñar e
implementar rápidamente un modelo de apoyo a las PYMES que logre
impactar significativamente en el universo de las empresas, por el
bien de todos.