on el tipo de
cambio rondando los 15 pesos por dólar, las presiones sobre la
inflación son cada vez más fuertes.
Ante un escenario de esta naturaleza, las decisiones en materia
económica y la formación de expectativas se complican.
Durante
muchos años, el peso se mantuvo estable es un rango de alrededor de
11 pesos por dólar, mientras que la inflación estuvo acumulándose
consistentemente.
Esto indica que la economía estaba incrementando el valor de los
bienes domésticos en relación con los extranjeros pero al mismo
tiempo compraba y vendía al exterior con precios estables. Este desajuste
entre el valor del peso y la tasa de inflación se evidenció al
depreciarse el tipo de cambio en alrededor de 4 pesos por dólar en
un par de meses.
Posterior a
este ajuste, aun queda una gran probabilidad de que la inflación
repunte, porque todavía no se observa el efecto completo de la caída
del peso en los precios internos.
Hoy día, las importaciones son más caras y es complicado para los
productores y distribuidores nacionales mantener los precios
domésticos en niveles bajos. El peso sigue deslizándose y no parece
haber un cambio de tendencia para los próximos días y meses.
Todo dependerá del
restablecimiento de los mercados financieros mundiales para que
tengamos certidumbre sobre el futuro de la
moneda.
Por esta razón, es difícil pensar que los precios domésticos puedan
salir inmunes de contaminación.
Si la
economía continúa con este calentamiento, tendremos que reformular
la política de desarrollo y ajustarla una nueva realidad.
El
tipo de cambio es una variable que afecta a todo el engranaje
económico nacional. Es fundamental para determinar el gasto público
y para financiar el déficit comercial. En este sentido, resulta
fundamental la capacidad que el gabinete económico tenga para
identificar cambios próximos en la economía.
En
los próximos meses, será crucial la resistencia que tenga nuestra
economía ante los próximos episodios de incertidumbre que afecten al
peso. Pero es más
importante observar la magnitud en la que los precios internos van a
incorporar la caída del peso.
Mientras
eso sucede, conviene ser prudentes y no subir los precios de los
servicios que no tengan relación con las mercancías importadas.
Un punto a favor
del combate a la inflación es que los precios de las materias
primas, de los insumos importados y de materiales derivados del
petróleo producidos en el exterior vienen a la baja por el clima
recesivo mundial, lo
que aplacará la presión sobre los productores
nacionales.