l fin
de semana por orden del Congreso y de la Suprema Corte de Justicia
de Honduras se derrocó a su Presidente Constitucional Manuel Zelaya,
elegido en el año 2005. Previamente, Honduras se unió al ALBA
(Alternativa Bolivariana de las Américas), hecho que fragmentó a su
sociedad y eventualmente motivó que cierto sector del país optara
por el golpe de Estado. Desde cualquier perspectiva, un golpe de
Estado representa un retroceso en la madurez política y democrática
de una nación. Ante estos hechos las reacciones a nivel
internacional no se han hecho esperar. Desde el Presidente de los
Estados Unidos, Barack Obama, el Presidente de la OEA (Organización
de Estados Americanos) José Miguel Insulza, los representantes de la
UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) e
incluso, Presidentes como Felipe Calderón de México,
han condenado este acto. De la misma manera, las voces reprobatorias
han venido desde los principales países de Europa y de otras
regiones del mundo.
Lo sorprendente de este
hecho es que cuando parecía que en América Latina los golpes de
Estado eran una cuestión del pasado, se repite la
historia. Con estos
sucesos, en Honduras ha retrocedido políticamente. Independiente de
las decisiones de política económica e incluso de la ideología del
Presidente Zelaya, lo ocurrido demuestra que las instituciones
democráticas de los países de la región (América Latina) todavía son
frágiles y existe un fuerte peligro de división.
Por otro lado, el nuevo Presidente
de facto Roberto
Micheletti no tiene el reconocimiento de los principales organismos
de América Latina que son la OEA y el Grupo de Río. Incluso la ONU
(Organización de las Naciones Unidas) recibió y reconoció en sus
instalaciones a Miguel Zelaya como Presidente de Honduras y
desconoció a Roberto Micheletti. Desde el punto de vista económico, el mayor
efecto negativo que podría sufrir Honduras, sería un bloqueo
económico, que consistiría en la negación de Venezuela de proveer
petróleo a bajo costo a este país. Esta posibilidad
repercutiría en la población de Honduras, que tiene un PIB per
cápita de cerca de 2 mil dólares anuales y un PIB total de 12 mil
millones de dólares, equiparable al Estado Guerrero.
Lo ocurrido este fin de
semana demuestra que todavía existen debilidades en la región
derivado de políticas del pasado, al pensar en los golpes
de estado como un medio legítimo para imponer una agenda al resto de
los habitantes. Debemos de entender que el rompimiento del
orden constitucional e institucional y la imposición Jefes de Estado
de facto significan para
nuestros países un retroceso político. Y que todos los
Presidentes de facto que
gobernaron América Latina provocaron: pobreza, violación de los
derechos humanos, corrupción y atraso económico social.
Para nuestro país, las
repercusiones económicas son marginales, dado que las exportaciones
a Honduras son de apenas 458 millones de dólares, que equivalen al
0.2% de las exportaciones totales de México al mundo, por
lo tanto, una paralización de la actividad económica de Honduras
derivada de éste hecho, no tiene una repercusión importante sobre la
economía Mexicana y menos aun en el aspecto social.
En el contexto de las próximas
elecciones que celebraremos el 5 de julio, es fundamental reconocer
el avance en materia democrática que ha vivido nuestro país y
debemos seguir consolidando la participación ciudadana, México lo
merece.