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composición de la nueva legislatura marca el inicio de nuevos
tiempos políticos en México. El Partido Revolucionario Institucional
(PRI), fundado en 1929 y que se mantuvo en el poder durante 70 años,
se encuentra hoy día como claro vencedor de la elección del 5 de
julio. El PRI verá incrementada su capacidad de interlocución y de
gestión política, pasando de ser un grupo parlamentario de corte
conciliador a uno de alineación y de ejecución de la agenda
legislativa que el país tanto necesita. La madurez, organización y
capacidad logística que tiene el PRI le ha proveído de una gran
flexibilidad y capacidad de gestión política en prácticamente
cualquier circunstancia. Próximamente, éste partido cambiará su papel e
indiscutiblemente utilizará su experiencia política para accionar al
sistema político nacional, utilizando la vía del
acuerdo.
Con la nueva estructura en el
Congreso habrá en cierta medida una proporción entre las fuerzas que
representan el PRI y el Partido Acción Nacional (PAN). En
este contexto, es fundamental que el Poder Legislativo en
coordinación con el Ejecutivo, tomen el camino del acuerdo y eviten
malgastar el capital político con la estrategia de confrontación y
de frialdad que promovió el rechazo ciudadano. Según los
resultados preliminares de la elección, solamente el 44.7% de los
electores asistió a votar y el voto nulo alcanzó 5.4%,
convirtiéndose en la “quinta fuerza electoral”. Lo
anterior urge a los partidos políticos a ganarse nuevamente la
confianza de los ciudadanos realizando un trabajo legislativo
dinámico, moderno y acorde con las necesidades de desarrollo que
requiere el país.
La nueva Cámara de Diputados
se encontrará con una economía en recesión y con un hueco fiscal que
podría llegar a los 600 mil millones de pesos para la conformación
del presupuesto de 2010. Las reformas pendientes,
como la laboral, energética y la educativa, no podrán ser
postergadas por más tiempo.
La agenda de reformas pendientes
deberán discutirse con responsabilidad, sin intereses partidistas y
pensando en el futuro de México. En
este sentido, es fundamental que el gobierno actual planteé la
segunda mitad de su gestión considerando que no hay más tiempo para
acelerar el proyecto de desarrollo nacional y en consecuencia,
tendrá que actuar de una manera más abierta y
consensuada. Más
aún, todos los funcionarios del Gobierno Federal requerirán de un
fuerte cambio de actitud, siendo más proactivos y tomando
en cuenta que el balde de agua fría que resultó la elección sirva
como un aprendizaje en el camino de hacer una mejor política para el
beneficio del país y de los ciudadanos. Finalmente, el país tiene
que estar preparado para los problemas que se avecinan del exterior,
derivados de la crisis y de la recomposición económica en el
mundo.