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de un doloroso periodo de crisis mundial, que se traduce en una
fuerte recesión para México, nuestro país se encuentra inmerso en un
proceso electoral que debe traducirse en un punto de inflexión entre
los viejos esquemas y el escenario que queremos como sociedad. En
este contexto, los ciudadanos se preguntan con escepticismo si su
preferencia partidista derivada de las diversas plataformas
mostradas, puede realmente contribuir en el proceso de recuperación
económica.
Durante muchos años, nuestro país
ha estado sumido en un letargo económico, reflejado en la pobre
generación de empleos y en el rezago en el combate a la pobreza. El
modelo de desarrollo económico que sigue México ha conservado un
camino más bien inercial y adaptativo, donde se han aprovechado
algunas ventajas, como la vecindad con EU para promover el comercio
exterior como motor de desarrollo. Desafortunadamente y por
necesidad, se han encontrado algunas válvulas de escape como la
migración y la economía informal, que son procesos de desarrollo
paralelos, donde la generación de riqueza para las familias está
limitada. En materia de energía, que de acuerdo con la Constitución
es un área prioritaria para el desarrollo, la política ha
desvirtuado el proceso de libre mercado, promoviendo monopolios
públicos que han congelado el crecimiento potencial de nuestro país.
Los partidos políticos han
deteriorado en gran medida su percepción ante la ciudadanía,
precisamente por haberse conformado con un desarrollo económico tan
limitado. Ante esto, el ciudadano comienza a dudar sobre la eficacia
de los políticos y el nivel de cumplimiento de sus plataformas. La
pregunta en este caso es: ¿Será determinante el resultado de la
próxima elección en el proceso de recuperación económica de nuestro
país?
La respuesta es NO
y por ello, los políticos tendrán que trabajar doblemente
para recuperar la credibilidad de los ciudadanos en materia
económica. Y en este sentido, la invitación al voto debe servir más
como un instrumento legítimo de la democracia que simplemente como
una confabulación a seguir perpetuando un proyecto económico que se
conforme con crecimientos tan mediocres de entre el 1 y el 3%.