
as ya deterioradas condiciones de la economía se
agravaron a consecuencia del brote de la influenza AH1N1. Más aún,
la ansiada fecha de la recuperación económica se torna ahora más
imprecisa, porque no se sabe a ciencia cierta si esta pandemia
tendrá secuelas o brotes posteriores ante los cuales no estemos
debidamente preparados
La pregunta para este caso es:
¿Hasta qué punto las autoridades están anticipando o planeando este
escenario? Y en este sentido, ¿Cuándo podremos tocar fondo en materia
económica?
En Estados Unidos se habla de
algunos indicadores que pueden sugerir el punto de inflexión de la
crisis. No obstante, en nuestro país aun no tocamos fondo.
Muy probablemente, la economía
aún tendrá que sufrir su mayor descalabro en el mes de abril en
materia industrial, que se reflejará un par de meses después en las
ventas al menudeo y en el consumo en general. Adicionalmente,
el salario de los
trabajadores ha sufrido pérdidas acumuladas en términos reales del
orden de 3% en durante el primer trimestre de 2009. Esto, aunado a
la pérdida neta de empleos del orden de 360 mil plazas menos que en
el mismo periodo de 2008.
Si a lo anterior añadimos las
pérdidas esperadas en el sector turístico extranjero, donde
estimamos una reducción del 30% en ingresos y la pérdida de empleos
adicional por el cierre de hoteles, vemos que el panorama requiere
de acciones estratégicas y de una política más proactiva en la
conformación de planes de estímulo a la economía.
Las medidas
anunciadas por el Gobierno Federal para mitigar los efectos de la
crisis son cortas, si consideramos que habrá menores recursos
públicos este año y el próximo, debido a una menor recaudación
tributaria y por menores ingresos petroleros. Por ello, también nos
cuestionamos sobre la estrategia que las autoridades están diseñando
ante esta conjunción de elementos tanto de coyuntura como de
estructura. Las medidas
coyunturales diluyen su impacto ante el recrudecimiento en las
condiciones del empleo y de los salarios o bien, ante la posibilidad
de un nuevo brote del virus.
Con base en lo
expuesto, el análisis situacional se conjuga en un escenario que nos
induce a cambiar el modelo de desarrollo estructural en nuestro
país. Nos encontramos ante una serie de elementos de crisis que
instan a la transformación. No
podemos seguir tapando los enormes y variados agujeros que tiene
nuestra economía con planes anti crisis de corto plazo. Cuando
finalmente toquemos fondo y regresemos a la senda del crecimiento,
tendremos que conformarnos con crecimientos del 2 o 3%. O bien,
¿estaremos dispuestos a dar el gran cambio que nos perfile hacia el
desarrollo de Nación?