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la coyuntura actual y ante las enormes fallas estructurales que
merman nuestra economía es indispensable hacer una reconfiguración
del modelo de desarrollo económico. Desde la entrada
en vigor del TLCAN hace 15 años, no hemos podido instrumentar un
modelo de desarrollo interno de largo plazo.
México es un país con una economía basada en el consumo –alrededor
de 50% del PIB – y con un relativamente bajo nivel de ahorro, a
pesar de las grandes carencias en materia de infraestructura y de
desarrollo de los mercados internos. La economía
informal continua extendiéndose y desvirtúa la asignación eficiente
de recursos, donde el estado de derecho y las instituciones pierden
fuerza y vigencia.
Urge una mayor y
mejor intervención estatal que de certidumbre a un proyecto que
eleve el ritmo de crecimiento de la economía.
Se requiere un orden económico, porque en México el concepto de
libre mercado no implica necesariamente un respeto a los derechos de
propiedad.
El
artículo 25 de la Carta Magna consagra como actividades del Estado,
la planificación, conducción, coordinación y orientación de la
actividad económica. La intervención
del Estado debe basarse en dos conceptos principales: desregulación
y gestión.
El primero, debe obedecer a los criterios del libre mercado, donde
los agentes puedan encontrar mayor fluidez y menores costos de
interacción. El segundo, debe enfocarse en alinear objetivos y
conducir las acciones que hagan más eficientes a los mercados. Por
ejemplo, una acción
obligada es una política dirigida al fortalecimiento de los mercados
internos.
En este sentido, se requiere elaborar un agenda sectorial que
detecte las necesidades reales del mercado en materia de insumos.
Una nueva
política de estado demanda hacer a la economía más flexible y
diversificada, para que esté en condiciones de absorber eficazmente
los choques externos e internos que frenan el
desarrollo.
Las medidas keynesianas anticrisis sólo pueden ser temporales, pero
no sustentan a la economía en el largo plazo. Los remedios
cortoplacistas y coyunturales no hacen sino permitir y expandir la
cadena de ineficiencias que hay en nuestra economía, así lo
demuestra nuestra experiencia. Si no reconfiguramos el modelo de
desarrollo, seguiremos en la turbulencia económica por tiempo
indefinido. Tenemos un legado histórico lleno de crisis,
devaluaciones, déficits e hiperinflaciones de donde podemos
aprender.
Una
nueva forma de economía mixta sugiere un cambio de paradigma donde
el intervencionismo estatal esté en permanente acción para cerrar
las brechas que el libre mercado deja a su paso, principalmente en
el tema de la distribución del ingreso.