n materia laboral,
uno de los problemas más significativos que tiene nuestro país es el
alto riesgo derivado de la contratación de
personal.
Este riesgo se explica fundamentalmente por dos razones: el costo del
despido y los costos de la seguridad social.
El primero lo afronta el empleador cuando el trabajador no resulta
apto para el puesto, o bien, ante una crisis económica donde el
empleador debe hacer recortes de personal. Para estos efectos, la
ley laboral prevé la figura del despido injustificado que implica un
pago por parte del empleador de 3 meses de salario más 20 días de
salario por año trabajado. En relación con el
costo de la seguridad social, el empleador llega a pagar hasta un
25% del salario del trabajador en cuotas.
Ambos costos, uno contingente y el otro fijo, implican una enorme
carga para las empresas, particularmente para las PYMES, quienes son
mayoritariamente las que proveen de empleos formales a la economía.
En
EU, por ejemplo, el empleador no paga ninguna indemnización ante un
evento de despido en los términos expuestos. Dicho pago lo realiza
el Estado a través de la figura conocida como seguro de desempleo,
que protege al trabajador durante determinado tiempo en lo que logra
insertarse nuevamente en el mercado laboral. Eventualmente, esta
dinámica tiende a mejorar la vinculación entre la oferta y la
demanda de trabajo.
Los
contratos a prueba pueden ser un primer paso en el camino hacia la
flexibilización laboral, porque estarían resolviendo el problema de
selectividad que existe en la contratación.
No obstante, en el largo plazo, la estructura de costos de
contratación seguiría sesgada hacia el empleador. Un siguiente paso, sería
adoptar un esquema formal de seguro de desempleo a nivel federal,
sustentado en aportaciones bipartitas (empleador y Estado), que
diera mayores incentivos al empleador para contratar trabajadores y,
protección al trabajador en caso de despido injustificado.
Por
otro lado, debemos reducir los costos de la seguridad social y para
que esto ocurra necesitamos disminuir los altos costos operativos
que tiene el IMSS. Lo que es imperativo es plantear una reforma
laboral que reduzca la propagación del empleo informal a través de
la generación de políticas de Estado que favorezcan la
contratación formal,
incluso, en tiempos de recesión económica.