n un comentario anterior
hablamos sobre la enorme relevancia y la simbología que tendría el
promover una reunión entre el Presidente de México y el Presidente
Electo de EU. En aquella ocasión, nos pronunciamos sobre la necesidad de establecer una
agenda estratégica que complemente la fuerte relación comercial que
ya existe. Desde toda perspectiva, es muy positivo
el primer encuentro que ambos líderes tuvieron en
Washington,
previo a la toma de posesión de Barack Obama. Por otra parte, el
reconocimiento que el Presidente Electo Obama dio al Presidente
Calderón en materia de combate al crimen está dentro de la lógica
para trabajar en un proyecto de vinculación de largo
plazo.
Minimizar
la importancia de la reunión es soslayar los asuntos pendientes que
hay entre ambos países. Por esta razón,
cualquier acercamiento tiene implicaciones trascendentales en la
agenda comercial mundial. México tiene una enorme ventaja geográfica
por ser un eje neurálgico natural, primero, ligando a Europa con
Asia y también, a Norteamérica –que tiene el mercado de consumo
más grande del mundo –, con Latinoamérica. Y en este sentido,
los temas relativos a la seguridad de las fronteras son
prioritarios a fin de aprovechar las ventajas
geográficas.
México podría convertirse en un líder comercial regional en la
medida que continúe dando pasos en la agenda
bilateral.
Hay
temas pendientes con EU, como un tratado de libre comercio de
tercera generación, que incluya temas sobre transferencia de
tecnologías, apoyos financieros, un acuerdo migratorio dinámico, un
proyecto de profunda cooperación contra el crimen organizado y un
acuerdo de largo plazo en el aspecto de transparencia fiscal y
aduanera. Es vital buscar la
convergencia en estos aspectos con nuestro socio estratégico y esto
se logra con acciones coordinadas de parte de ambos
lados
La relación
que tienen México y EU va mucho más allá del comercio. Ambos también
comparten problemas y por esa razón, debemos también compartir las
soluciones y sus acciones. No obstante, quedan algunas dudas,
principalmente por la difícil coyuntura económica que vive EU, que
limita su capacidad de trabajo con México y por otra parte, el
escaso historial que algunos interlocutores del gobierno de EU han
tenido en las relaciones con nuestro país.